Ya no es casualidad: River puede jugar muy bien, por lo menos de a ratos, y hasta meter goles espectaculares. Pasó con Estudiantes, con Ñuls, mucho más con Vélez y también con Lanús. Cuando se juntan Ortega, Belluschi, Augusto y el chileno, mamita, qué concierto, qué nivel de fútbol. Me permito sumar a Ferrari, con profundas escaladas por derecha y también por izquierda, que suelen romper la línea de la defensa. Ayer hasta se asoció Marco Ruben (una perlita, la que dejó pasar para que Ortega hiciera su gol... ¿qué, no fue?). Denis está pasando un momento excepcional, pero los goles con más bella elaboración se están fabricando en Núñez. No es casualidad la referencia geográfica, algo está pasando con el equipo que fuera de casa pierde brillo y también efectividad (seamos sinceros, ¿quién no compraría brillar de local y ser efectivo de visitante?). Está difícil el campeonato. Arriba están Independiente y Boca y será difícil bajar a los dos. Ojalá River pueda dar pelea, pero tanto o más interesante será que podamos acentuar los buenos momentos, esta especie de reconciliación con el fútbol que nos gusta e identifica a los de River que estamos vislumbrando. No entendí los gestos de Sand. Tampoco quiero darle más entidad. A menos que River le haya hecho algo tan terrible que se desconoce, no parece muy inteligente ir por la vida cerrándose puertas.
VAMOS RIVER PLATE!